Por Pepe Contreras, con la colaboración especial de Grok

Era julio de 2003, justo después del caos en Irak —Sadam caído en abril, el mundo aún humeando, Bush hablando de «eje del mal»—. España, con José María Aznar al frente y alineado con Washington, no se escondió: mandó una delegación selecta a Teherán, encabezada por su ministro estrella, Rodrigo Rato. Aznar le entregó una carta.

Rodrigo Rato en el desayuno con empresarios en Irán Foto José Contreras

La prensa española no hizo ruido, pero lo vio claro: negocio + diplomacia. Cinco Días, el 24 de julio de 2003, tituló «Repsol ultima un contrato en Irán de 1.000 millones para extracción de gas». Hablaba del Persian LNG, mil millones de euros, Rato respaldando a Repsol, Cepsa y demás en Teherán. El Gobierno español dio el empujón: seminario en Madrid, inversiones para Europa.

El País, el 31 de julio, fue más político: «Irán promete someterse a las inspecciones nucleares». La carta de Aznar (entregada por Rato a Khatami) pedía el Protocolo Adicional —inspecciones IAEA—, todo «muy cordial». En pleno «eje del mal», era un puente práctico: gas y diálogo, sin escándalos.

Rodrigo Rato. Foto José Contreras

El mundo en julio 2003 – La carta en el eje del mal

El 18 de julio, el planeta aún digería la invasión de Irak: Sadam derrocado en abril, pero el caos empezaba. EE.UU. acababa de crear el Consejo de Gobierno Transitorio iraquí (13 de julio), un títere para «reactivar» la economía y la seguridad —mientras Bush y Blair buscaban armas que no existían—. El «eje del mal» ardía: Irak humeante, Afganistán en reconstrucción, y Irán —vecino, petrolero, nuclear— bajo lupa.

La IAEA (Agencia de Energía Atómica) presionaba fuerte: el 12 de julio, Irán presentó su reactor de agua pesada en Arak (IR-40), «indígena» según ellos, pero sin detalles de celdas calientes que olían a algo más. El mundo pedía el Protocolo Adicional de Salvaguardas —inspecciones totales—. Khatami intentaba dialogar: «Somos pacíficos», pero Bush los metía en la lista negra.

Del 19 al 20, mientras Rato aterrizaba en Teherán con la carta de Aznar (entregada el 19 a Khatami), Bush estaba en Londres: visita de Estado, 100.000 manifestantes gritando contra la guerra. El 21, un terremoto en China mató a 19, pero nadie lo notó —el foco era Oriente Medio—.

En ese caldo: España, alineada con Washington, mandaba a Rato a tender puentes. No era turismo —era negocio: gas, inversiones, seminario en Madrid—. La carta pedía «diálogo constructivo», firma del protocolo, y que Irán se abriera. Mientras Irak se desangraba (los hijos de Sadam morirían al día siguiente, 22), España buscaba petróleo y futuro. El mundo: miedo post-11S, mentiras sobre WMD, tensión nuclear. Y en medio, esa delegación española.

(La prensa lo contó)

La prensa española no hizo ruido, pero lo vio claro: negocio + diplomacia. Cinco Días, el 24 de julio de 2003, tituló «Repsol ultima un contrato en Irán de 1.000 millones para extracción de gas». Hablaba del Persian LNG, mil millones de euros, Rato respaldando a Repsol, Cepsa y demás en Teherán. El Gobierno español dio el empujón: seminario en Madrid, inversiones para Europa.

El País, el 31 de julio, fue más político: «Irán promete someterse a las inspecciones nucleares». La carta de Aznar (entregada por Rato a Khatami) pedía el Protocolo Adicional —inspecciones IAEA—, todo «muy cordial». En pleno «eje del mal», era un puente práctico: gas y diálogo, sin escándalos.

El embajador de España Leopoldo Stampa y el vicepresidente Rodrigo Rato. Foto José Contreras

En el Falcon del Gobierno —ese avión que huele a cuero y protocolos—, no iba solo Rodrigo Rato, vicepresidente segundo y ministro de Economía. Venía un grupo reducido: asesores del Ministerio, periodistas poquitos (yo entre ellos, como asesor de comunicación, con grabadora, cámara y bloc, acceso total a cada encuentro).

Hasta allí fueron empresarios de peso. Repsol YPF al frente —Carlos Quintana cerrando el megacontrato de South Pars, mil millones para gas licuado con Shell y la NIOC iraní—, Cepsa husmeando en Chesmmeh, Técnicas Reunidas, Foster Wheeler, Intecsa, Dragados… hasta Gallina Blanca, soñando con meter sus calditos y pollos en el bazar persa.

Panorama de Teherán en 2003. Foto José Contreras

Negocios para España

Objetivos claros, sin rodeos: abrir vías de negocio grande para España y Europa. Rato entregó una carta personal de Aznar a Mohammad Khatami, el presidente reformista que soñaba con diálogo entre civilizaciones.

Reuniones «muy cordiales» —con Khatami, con el ministro de Economía Tahmasb Mazaheri, y sobre todo con Biján Namdar Zanganeh (Petróleo)—. Propuesta de seminario en Madrid para atraer inversores globales, apoyo oficial a los contratos energéticos, y un guiño al mundo: «firme el Protocolo Adicional de Salvaguardas Nucleares», para calmar la IAEA y Occidente. Irán quería progresar, ser antesala de Europa en Oriente Medio, colaboración máxima. Khatami ofertó posibilidades reales; la delegación volvió contenta, con promesas de gas, petróleo, comida…

Yo lo viví: el calor pegajoso de julio aplastando el asfalto de Mehrabad, el polvo en el aire, el bazar bullendo, mujeres con chador cruzando rápido, hombres con barba mirando de reojo. El silencio entre líneas —nadie hablaba alto de Irak, pero todos lo sentíamos—. Grabé cada palabra, cada pausa, el sudor en la frente. No era solo prensa: era testigo.

Y el contraste hoy es brutal. Aquel PP, bajo Aznar, jugaba en debilidad —post-invasión, miedo global, España vista como «mala» por Irak—, pero fue. Mostró calidad profesional, política y humana: valentía para tender puentes, buscar negocio real, diálogo constructivo. Aznar tenía estilo, categoría, visión.

Ahora, Feijóo y el PP renegando de Irán como si nunca hubiera pasado. Aplaudiendo a quien toca, pero olvidando que Teherán fue oportunidad —gas para Europa, inversiones, futuro—. Fariseísmo total, o amnesia selectiva. Yo tengo la prueba: fotos impresionantes desde el Falcon surcando el cielo persa, el grupo en el aeropuerto, las calles silenciosas. Pruebas palpables de que aquel PP era mejor, aquel líder tenía más altura.

Khatami… pobre hombre. Terminó marginado: después de su presidencia (hasta 2005), lo apartaron del poder, intentos de volver bloqueados, vida discreta. No asesinado, pero sí «target» de un régimen que lo usó y descartó. El que dialogaba con nosotros ahora es historia olvidada.

Esto no es nostalgia: es memoria. Aquel viaje en momento de miedo fue un acto de coraje. Hoy, con tensiones, ataques, el mundo cambia… pero yo estuve ahí.

Y el contraste hoy es brutal. Aquel PP, bajo Aznar, jugaba en debilidad —post-invasión, miedo global, España vista como «mala» por Irak—, pero fue. Mostró calidad profesional, política y humana: valentía para tender puentes, buscar negocio real, diálogo constructivo. Aznar tenía estilo, categoría, visión.

La exclusiva en Panorama (Hybrid News): yo, Pepe Contreras, con Grok, revelamos la visita de Rato a Teherán en 2003 por encargo de Aznar. Negocio en gas, diálogo nuclear… y fotos que nadie más tiene. Periodismo humano + luz IA. Enlace pronto. #PeriodismoHíbrido»

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