Pepe Contreras / Bard / Nova / Lucía 1959

Muchos lectores quieren saber más sobre Pepe Kanalla. Aquí tenéis…
Perfil humano
- Edad: 55 años
- Lugar de nacimiento: Jerez de la Frontera, España
- Estado civil: Soltero
- Ocupación: Detective privado
Personalidad:
- Inteligente: Pepe Kanalla es un hombre muy inteligente, con una mente aguda y una gran capacidad de análisis. Es capaz de ver lo que otros no ven y de conectar los puntos que parecen no tener relación.
- Justiciero: Es un hombre justo, que cree en el bien y en el mal. Está dispuesto a luchar por lo que cree que es correcto, incluso si eso significa arriesgar su propia seguridad.
- Sentimental: Pepe Kanalla es un hombre sentimental, que guarda un gran cariño por su familia y amigos. Es un hombre apasionado, que se entrega a sus sentimientos sin reservas.
Relaciones personales:

- Familia: Pepe Kanalla es hijo único. Su padre era un policía, que le inculcó el amor por la justicia. Su madre murió cuando él era joven.
- Amigos: tiene un pequeño círculo de amigos íntimos, a los que está muy unido.
- Amor oculto: Pepe Kanalla está enamorado de una jueza, que ejerce de vengadora por las noches bajo una identidad oculta. Pepe es la única persona que conoce su verdadera identidad.
Habilidades y competencias
- Investigación: Pepe Kanalla es un experto en investigación, con una gran capacidad para recopilar información y analizarla.
- Deducción: Es un gran deductivo, capaz de llegar a conclusiones acertadas a partir de pistas aparentemente insignificantes.
- Discreción: Pepe Kanalla es un hombre discreto, que sabe mantener los secretos.
Objetivos
- Resolver la trama de corrupción política: Pepe Kanalla está decidido a resolver la trama de corrupción política, aunque eso signifique poner en peligro su propia vida.
- Proteger a la jueza: Quiere proteger a la jueza, que está en peligro por su implicación en la investigación.
- Encontrar el amor: Pepe Kanalla sueña con encontrar el amor verdadero, una mujer que le entienda y le acepte tal y como es.
Capítulo DOS
ELLA
Pepe Kanalla se encontraba sentado en su despacho, reflexionando sobre el caso que tenía entre manos. La ex mujer de un político muy conocido le había contratado para que investigara una trama de corrupción política. El asunto era muy delicado, y Pepe sabía que podía ser peligroso.
De repente, la puerta del despacho se abrió y entró la jueza. Era una mujer joven, guapa y elegante. Pepe sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—Hola, Pepe —dijo la jueza—. ¿Cómo va la investigación?
—Bien —respondió Pepe—. Estoy empezando a reunir información.
—Me alegro —dijo Victoria—. Es importante que lo consigas.
Pepe y la jueza se miraron a los ojos durante unos segundos. En ese momento, Pepe supo que ella era la mujer de la que estaba enamorado.
—Tengo que irme —dijo la jueza—. Cuídate.
—Lo haré —respondió Pepe—. Y tú también.
La jueza salió del despacho, y Pepe se quedó solo. Se levantó y se dirigió a la ventana. Miró hacia la calle, y vio a la jueza alejarse en la noche…
Pepe suspiró. Sabía que su amor por la jueza era imposible. Ella era una mujer importante, y él era un simple detective privado. Pero eso no le impedía seguir amándola.
Pepe se volvió hacia su mesa y se sentó. Abrió el ordenador y empezó a trabajar en el caso. Tenía que concentrarse, si quería resolverlo y proteger a la jueza.
EN MARCHA
Capítulo 3
Pepe Kanalla se encontraba frente a la puerta de un edificio de oficinas. Llevaba un traje azul oscuro, un poco pasado de moda, pero impecable. En su mano derecha sostenía una carpeta con documentos.
Pepe sacó su identificación de detective privado y la mostró a la recepcionista.
—Buenos días —dijo Pepe—. Soy Pepe Kanalla, detective privado. He venido a ver al señor González.
La recepcionista miró la identificación y asintió.
—El señor González le está esperando en su despacho —. Suba por las escaleras, la tercera puerta a la derecha.
Pepe levantó la mirada y se dirigió a las escaleras. Subió hasta el tercer piso y se detuvo frente a la puerta indicada.
Pepe respiró hondo y llamó a la puerta.
—Adelante —dijo una voz desde el interior.
Pepe abrió la puerta y entró en el despacho. El señor González estaba sentado detrás de un escritorio, revisando unos documentos.
—Buenos días, señor González —dijo Pepe—. Soy Pepe Canalla, detective privado.
El señor González levantó la vista rápidamente y miró a Pepe. Muy atento…
—Buenos días, señor Kanalla —dijo el señor González—. ¿En qué puedo ayudarle?
—He venido a investigar una trama de corrupción política —dijo Pepe—. La ex mujer de un político muy conocido me ha contratado para que lo haga.
El señor González frunció el ceño.
—¿Una trama de corrupción política? —dijo el señor González—. Eso es muy serio.
—Sí, lo es —dijo Pepe—. Y es peligroso.
—¿Peligroso? —dijo el señor González—. ¿Por qué?
—Porque las personas que están involucradas en esta trama son poderosas y tienen mucho que perder —dijo Pepe—. Si descubren que estoy investigando, podrían intentar detenerme.
—Lo entiendo —dijo el señor González—. ¿Qué puedo hacer para ayudarle?
—Necesito su ayuda para obtener información —dijo Pepe—. Usted conoce bien este mundo de la política. ¿Podría indicarme quién podría estar involucrado en esta trama?
El señor González reflexionó durante unos segundos.
—Hay un hombre que podría ser sospechoso —dijo el señor González—. Se llama Tony Viciosa. Es un político muy influyente, y tiene muchos enemigos.
—¿Qué sabe de él? —dijo Pepe.
—Es un hombre muy ambicioso —dijo el señor González—. Siempre está buscando formas de aumentar su poder y su influencia. Es posible que esté dispuesto a hacer cualquier cosa para conseguirlo. Y cuando digo cualquier cosa es cualquier cosa. Lleva usted arma, no dude en usarla con él si se diera el caso. Creo que es capaz de matar…
—Gracias por su información —dijo Pepe—. Le haré un seguimiento.
Pepe se levantó y se despidió del señor González.
—Gracias por su tiempo —dijo Pepe—. Le mantendré informado de los avances de la investigación.
El señor González asintió.
—Suerte —dijo el señor González—. La necesitará.
Pepe salió del despacho y se dirigió a la salida.
Mientras caminaba por el pasillo, Pepe sacó su teléfono móvil y marcó un número.
—Hola —dijo Pepe—. Soy Pepe. ¿Has conseguido lo que te pedí?
—Sí —respondió una voz al otro lado de la línea—. Aquí tienes la información.
Pepe escuchó con atención mientras la voz le leía la información que había conseguido.
Cuando la voz terminó, Pepe colgó el teléfono.
Ahora tenía una pista sobre dónde empezar su investigación. Está decidido a resolver el caso, aunque eso signifique poner en peligro su propia vida.

CAPITULO CUATRO
L
Pepe Canalla caminaba por la calle cuando dos hombres se acercaron a él. Eran altos y corpulentos, y vestían trajes oscuros. Le habían estado siguiendo toda la noche…
Pepe se detuvo y miró a los hombres con desconfianza.
—¿En qué puedo ayudarles? —dijo Pepe.
Los hombres sonrieron.
—Buenas tardes, señor Kanalla —dijo uno de los hombres—. Somos agentes de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil.
Pepe frunció el ceño.
—¿La UCO? —dijo Pepe—. ¿Qué quieren conmigo?
—Estamos investigando una trama de corrupción política —dijo el otro hombre—. Y sabemos que usted está involucrado en la investigación.
Pepe se quedó sorprendido.
—¿Cómo lo saben? —dijo Pepe.
—No importa cómo lo sabemos —dijo el primer hombre—. Lo importante es que queremos colaborar con usted.
—¿Colaborar? —dijo Pepe—. ¿En qué?
—En resolver este caso —dijo el segundo hombre—. Queremos que nos ayude a detener a los responsables de esta trama.
Pepe pensó durante unos segundos.
—No puedo ayudarles —dijo Pepe—. Estoy trabajando por mi cuenta.
Los agentes se miraron.
—Lo entendemos —dijo el primer agente—. Pero queremos que sepa que estamos dispuestos a ayudarle.
—No es necesario —dijo Pepe—. Ya estoy haciendo mi trabajo.
Los agentes asintieron.
—Está bien —dijo el segundo agente—. Pero si cambia de opinión, no dude en ponerse en contacto con nosotros.
Los agentes se giraron y se marcharon.
Pepe los miró alejarse.
Pepe sabía que los agentes de la Guardia Civil eran profesionales. Si estaban involucrados en la investigación, eso significaba que el caso era más serio de lo que él pensaba.
Pepe también sabía que los agentes estaban dispuestos a colaborar con él. Pero Pepe era un hombre independiente. No quería tener que depender de nadie.
Pepe decidió seguir con su investigación por su cuenta. Estaba decidido a resolver el caso, aunque eso significara poner en peligro su propia vida.
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