Científicos, ecologistas y periodistas digitales crean un frente contra el proyecto de vertidos al Guadalquivir autorizado por la Junta de Andalucía y la CHG

Pepe Contreras

Greenpeace, un movimiento global integrado por más de 3 millones de personas en 55 países que actúan para poner fin a los abusos contra el medio ambiente, se ha unido al frente común espontáneo creado tras la difusión en este podcast de los detalles del proyecto de vertidos al río Guadalquivir y de las posiciones de un grupo de expertos y científicos, y periodistas ambientales.

Según fuentes de Greenpeace en Sevilla, se van a llevar a cabo varias actividades para convencer a la Junta de Andalucía y a la CHG para que no autoricen un vertido tóxico de 85,52 hectómetros cúbicos que «irán a parar» al Guadalquivir, «cuando se cumplen 26 años del desastre de la rotura de la presa de Aznalcóllar», que supuso «un caso de contaminación ambiental brutal» del cual aún hoy se sufren las consecuencias.

Los pueblos de la ribera del Guadalquivir están preocupados

Según un informe ejecutivo realizado por el catedrático sevillano Jesús Castillo, que fue desvelado en exclusiva días atrás por este podcast, el cataclismo ambiental se cierne sobre el río Guadalquivir si la Junta sigue con su expediente que comparte con la Confederación Hidográfica del Guadalquivir (CHG),

«Globalmente, los estudios científicos realizados en las últimas décadas en la Faja Pirítica Ibérica muestran claramente que muchos suelos, cauces fluviales temporales y permanentes, embalses, estuarios e, incluso, la zona costera están contaminados por drenaje ácido de mina. El drenaje ácido de mina son aguas muy ácidas cargadas de metales (Fe, Al, Cu, Zn, Cd, etc.) y metaloides potencialmente tóxicos, como el
arsénico, que salen de residuos mineros. Esta contaminación por drenaje ácido de mina es muy elevada y está extendida a lo largo de los ríos Tinto y Odiel, desde sus cursos altos a su desembocadura. Pero también en la Faja Pirítica Ibérica hay muchos otros ríos menos conocidos y muy contaminados. Además, nuevos curso fluviales están siendo impactados por vertidos mineros, como el Estuario del Río Guadalquivir que ha
estado recibiendo un vertido de la Mina Cobre Las Cruces, y podría recibir dos nuevos vertidos, uno mayor de la Mina Cobre Las Cruces y otro de la Mina Los Frailes (Aznalcollar). Como los ríos Tinto y Odiel para los cauces fluviales, el Embalse del
Sancho es el ejemplo paradigmático de embalse acidificado y contaminado, pero hay muchos otros embalses afectados por contaminación minera».

Greenpeace asegura -en linea con el catedrático Jesús Castillo, que este vertido afectará a la Zona Especial de Conservación de la Red Natura 2000 del Bajo Guadalquivir, «contaminando con metales pesados a todo el estuario del Guadalquivir», afectando al Parque Nacional de Doñana, a los cultivos de arroz del bajo Guadalquivir y a la biodiversidad de la desembocadura, «la cual es clave como guardería y criadero de especies».

El lunes 22 se registrará un escrito en la Delegación del Gobierno de la Junta de Andalucía en Sevilla basado en el manifiesto presentado por Greenpeace y Ecologistas en Acción con el apoyo del resto de entidades, y el miércoles 24 celebrará una mesa redonda en la Universidad de Sevilla para analizar este mismo asunto.

«Aunque parte de los elementos contaminantes, y potencialmente tóxicos, del drenaje ácido de mina precipitan conforme las aguas van siendo menos ácidas aguas debajo de los cauces fluviales, muchos de estos elementos contaminantes permanecen biodisponibles, en disolución a altas concentraciones. Además, gran parte de los elementos precipitados se transportan aguas abajo en suspensión, especialmente durante eventos de avenidas fluviales tras lluvias. Así, cuando las condiciones físico-químicas del agua cambian aguas abajo en los estuarios, grandes cantidades de elementos contaminantes precipitados se redisuelven, volviendo a estar biodisponibles».

En este contexto, hay evidencias claras de contaminación de suelos agrícola por metales, así como de bioacumulación de contaminantes mineros en vegetación y fauna, incluyendo peces, caracoles y moluscos bivalvos en estuarios y la plataforma continental. Sin embargo, existen muy pocos estudios sobre contaminación minera en aguas subterráneas y redes tróficas, justo allí donde más necesarios son para prevenir la llegada de contaminantes mineros a las personas.

En definitiva, las pruebas científicas muestran un descontrol generalizado de la contaminación minera en la Faja Pirítica Ibérica que afecta a multitud de ecosistemas, siendo el ser humano parte indivisible de los mismos.

En este contexto, y basándonos en el Principio de Prevención, base de la legislación ambiental, debería establecerse una moratoria a la apertura de nuevas minas en la Faja Pirítica Ibérica hasta que se estudiasen en profundidad los efectos que la bioacumulación y la biomagnificación de contaminantes mineros está provocando en las redes tróficas y, como parte de ellas, en el ser humano».


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