Vox en Andalucía, primer acto

By Pepe Contreras & Claude (IA)Serie: Vox en Andalucía · Entrega I


Hay días en que la historia no hace ruido. El jueves, a las seis y media de la tarde, dos hombres firmaron un papel en la sede del Parlamento andaluz. Cuarenta y tres minutos después, uno de ellos era investido presidente de la Junta por tercera vez, con el respaldo parlamentario más amplio que ha conocido Andalucía desde los tiempos de Rafael Escuredo. El otro se preparaba para jurar, en cuestión de días, como vicepresidente. Hubo comparecencia, hubo aplausos, hubo titulares de urgencia. Y después, como casi siempre, la actualidad pasó página.

Conviene no pasarla tan deprisa.

Porque ese papel, firmado a dos horas escasas de la votación, no es solo el cuarto acuerdo de gobierno entre el PP y Vox en poco más de dos meses, después de Extremadura, Aragón y Castilla y León. Es la pieza que completa un mapa que casi nadie se ha detenido a mirar entero. Sumen ustedes: un millón largo de extremeños, otro millón y pico de aragoneses, dos millones y medio de castellanoleoneses y, desde el jueves, ocho millones seiscientos mil andaluces. El resultado son más de trece millones de personas. Algo más del veintisiete por ciento de la población española.

Dicho en lenguaje llano: uno de cada cuatro españoles vive ya bajo un gobierno del que Vox forma parte.

Léanlo otra vez, despacio, porque esa frase no ha abierto ningún telediario. Se ha construido sin estruendo, acuerdo a acuerdo, primavera adentro, mientras el debate nacional miraba hacia otro sitio. Y Andalucía no es una pieza más de ese mapa: es la pieza. La comunidad más poblada de España aporta ella sola más habitantes que las otras tres juntas, y pone en manos del pacto la administración de mayor dimensión de cuantas cogobiernan hoy las dos derechas.

En el centro de esta historia hay un hombre al que durante años casi nadie quiso mirar. Un político sin estridencias, de trayectoria limpia y maneras que desconciertan a propios y extraños, que este fin de semana se convertirá en el dirigente autonómico de su partido con influencia sobre más ciudadanos de toda España. Quien firma estas líneas lo conoció cuando no había focos, y puede asegurarles que el personaje merece bastante más atención de la que se le ha dispensado.

Hay más. Hay una costura sin soldar en el organigrama del nuevo gobierno, una frontera competencial que dos hombres muy distintos tendrán que repartirse y que dirá, mucho antes que ningún gran debate ideológico, si este pacto es de poder o de ceremonia. Hay un precedente que todos han olvidado demasiado rápido, con nombre propio y final conocido, que proyecta una sombra alargada sobre el vicepresidente entrante. Y hay, al fondo del escenario, movimientos en el tablero nacional que podrían alterar el reparto de papeles antes de lo que muchos imaginan.

De todo ello nos ocuparemos en esta serie, con calma, con datos verificados y con el conocimiento directo de los protagonistas. Sin la velocidad que todo lo devora. La prensa de las cuatro horas ya ha dicho lo suyo; nosotros preferimos esperar a que se asiente el polvo y contar lo que queda debajo.

El domingo, segundo acto: la disección completa de la armadura que Vox ha vestido en San Telmo, pieza a pieza, y las preguntas que nadie está haciendo.

El telón acaba de levantarse. No se muevan de la butaca.



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