Crónicas Parlamentarias

By Pepe Contreras con el análisis de Claude

Moreno Bonilla jura su tercer mandato en un San Telmo blindado, con Vox dentro del Gobierno y Feijóo fuera de la foto

Mucho lirili y poco lerele.. El viejo refrán andaluz —mucha música, mucho adorno, y poca sustancia donde de verdad importa: en el dinero— sobrevolaba este domingo los jardines del Palacio de San Telmo, donde Juan Manuel Moreno Bonilla juró su cargo como presidente de la Junta de Andalucía por tercera vez consecutiva. Porque esta reválida, la más espinosa de su carrera, llega marcada por un pacto de coalición con Vox que rompe el perfil de moderación en solitario que el presidente había cultivado durante años.

La ceremonia se adelantó a las 9:30 de la mañana para esquivar un calor que amenazaba con rozar los 43 grados en Sevilla. El formato lo decía todo: apenas 300 invitados, la mitad que en la anterior toma de posesión, en un acto de sobriedad calculada. Arroparon al presidente el expresidente del Gobierno Mariano Rajoy, las exministras Soraya Sáenz de Santamaría y Fátima Báñez, el coordinador general del PP, Elías Bendodo, y hasta la expresidenta socialista de la Junta, Susana Díaz.

Pero el foco estaba en otro sitio:en Manuel Gavira lider andaluz de Vox y futuro vicepresidente, que asumirá una macroconsejería con Turismo, Justicia, Desregulación y Administración Local. Sobre el papel, mucho cargo. Sobre el presupuesto, otra cosa: las áreas que gestionará la formación de Abascal suenan bien pero están lejos de presupuesto, salvo Turismo..

Las ausencias hablaron tan alto como las presencias. La más sonada, la del presidente nacional del PP, Alberto Núñez Feijóo, que no quiso salir en la primera foto de un gobierno de coalición con Vox. Tampoco acudieron los secretarios generales de UGT y CCOO de Andalucía, en desplante explícito por el recorte del 50% en las ayudas institucionales pactado entre PP y Vox. Adelante Andalucía y Por Andalucía boicotearon directamente el acto, que calificaron de «fraude», y el PSOE despachó el trámite con la sola presencia de su portavoz parlamentaria, María Jesús Montero.

En su discurso, Moreno defendió la legitimidad de su nuevo modelo, se declaró contrario a los «cordones sanitarios» y sostuvo que la vía andaluza sigue siendo «inclusiva y no excluyente». Pero deslizó dos avisos directos a sus nuevos socios. Primero, en inmigración: equiparó los derechos de quienes nacen en Andalucía con los de quienes llegan de fuera a trabajar, en choque frontal con la «prioridad nacional» que defiende Vox. Y segundo, sobre el calendario: «esta legislatura no será larga si no es fructífera», advirtió, dejando a la vista el botón del adelanto electoral.

Hubo también capítulo económico —digitalización, inteligencia artificial, vivienda, blindaje de la agricultura frente a la sequía— y el reproche habitual a Madrid: suficiencia financiera justa y desbloqueo de las inversiones pendientes. Tras la mención emocionada a su familia y el recuerdo a los exconsejeros fallecidos Javier Imbroda y José Carlos Gómez Villamandos, sonaron los himnos y comenzaron los corrillos. La única incógnita que queda, guardada bajo un hermetismo total, es el decreto de estructura: los nombres y las competencias definitivas del nuevo Gobierno, que no se conocerán hasta mediados de semana.

Mientras tanto, en Andalucía sabemos leer entre líneas. Aquí las carteras se cuentan en euros, no en titulares. Ya lo dejó escrito Francisco de Quevedo hace cuatro siglos: «Poderoso caballero es don Dinero».


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